Una experiencia de dolor
Melzack (1986) emplea siete componentes o elementos básicos a fin de organizar el pensamiento sobre los aspectos psicológicos de la experiencia dolorosa. Dichos elementos son:
a) El estímulo doloroso.
b) El sistema receptor.
c) El sistema sensorioperceptual.
d) Los procesos cognoscitivos.
e) El componente emocional-afectivo.
f) El sistema de reacción conductual.
g) El medio.
En el modelo de Melzack, se puede entender la complejidad de la experiencia dolorosa. En primer término, el estímulo doloroso puede estar constituido por cualquier estímulo nocivo (cualquier forma de energía fisico-química) capaz de impresionar los receptores específicos para el dolor y producir en última instancia la percepción dolorosa. Por lo general, el dolor, incluyendo el de las vísceras y estructuras somáticas profundas inervadas por fibras neurovegetativas, es provocado después de cierta cantidad de daño hístico. Esto libera agentes capaces de excitar los «nociceptores», los cuales a su vez dan lugar a reflejos nociceptivos y sensación de dolor. El espectro de condiciones que dan lugar al dolor, ha sido agrupado en: obstrucciones, inflamación, torsión o tracción, contracciones musculares muy fuertes y distensión pasiva. Después del «disparo» inducido por el nociceptor del nervio neurovegetativo aferente, los potenciales de acción son conducidos a través de la cadena simpática paravertebral a la raíz dorsal, de donde prosiguen al interior del asta dorsal de la médula espinal; allí penetran a través del haz de Lissauer siguiendo el mismo curso independientemente de que los potenciales de acción tengan su origen en los nervios neurovegetativos o en los aferentes somáticos; los eventos subsiguientes al final producen la experiencia dolorosa, la percepción del dolor.
El sistema receptor, de otra parte, incluye a la nocicepción y al importante mecanismo de control de la «compuerta». Según Melzack (1986), las funciones de este sistema abarcan la identificación, modulación y transmisión de la información sensorial, esto es, del dolor. El sistema receptor proporciona información aferente para el sistema «sensorioperceptual», comprendido en el reconocimiento del estímulo doloroso si éste no se encuentra por encima del umbral. Melzack ( 1986) propone la distinción entre la nocicepción y la percepción; ambos fenómenos tienen claramente mecanismos distintos, de tal suerte que las personas pueden tener nocicepción, pero, por distracción, no percibir el dolor. Son muchos los ejemplos clínicos en los que se percibe el dolor, aunque falta la nocicepción periférica (dolor del miembro fantasma, dolor dental fantasma, etc.).
De otro lado, además de la «nocicepción» y «percepción» de un estímulo, la experiencia dolorosa también incluye necesariamente un componente «emocional-afectivo», que indica que es muy importante la experiencia para el enfermo en términos de sufrimiento y de ansiedad. El daño emocional puede ser muy grande en una enfermedad grave, aun cuando la nocicepción y el valor del estímulo perjudicial percibido disminuyan por la acción de fármacos de acción periférica; por lo tanto, las experiencias psicoafectivas y emocionales, no guardan necesariamente una correspondencia directa.
De acuerdo con Melzack (1986), existen otros tres componentes para considerar la experiencia dolorosa; los procesos cognoscitivos incluyen la atención, las creencias y el proceso de aprendizaje; todos ellos, son capaces de modificar la percepción y la reacción al dolor. Finalmente, la «conducta de dolor» adquiere coloraciones y matizaciones muy variadas en función de la personalidad, el aprendizaje, la cultura y el medio.


También colabora la siempre guapa Yus Rueda quien desde Venezuela hace sus aportes con sus trabajos y elaborados informes