
La muerte humana
Para empezar debemos tener en cuenta que cuando se habla de una muerte moralmente aceptada. La muerte encefálica o muerte cerebral como es conocida en los medios por los periodistas es el objetivo que se debe constatar, esta no es un estado, es la evidencia que el individuo dejo de existir en nuestra vida terrenal.
Es el principal criterio diagnostico usado, aunque no es completamente exacto puede también ser un error, a través de este se busca la certeza moral de la muerte, primer paso antes de la extracción de los órganos.
La muerte del encéfalo en el adulto, es la muerte total, porque este sistema es el controlador del todo, cuando muere el encéfalo se pierde unidad, no es la muerte de un órgano, pues entendemos como encéfalo a un sistema compuesto, no es simplemente daño cerebral. Y como sabemos sin encéfalo el cuerpo no hace nada.

Papel de enfermería ante la muerte
Es el cuidado, evitando el abandono y el descuido, pues es en el hospital y en las ultimas etapas de la vida es donde merecen la mayor atención, la mejor calidad, es el termino de sus vidas. A una persona agonizante actualmente en los hospitales se les hace pensar que su vida no tiene sentido.
Actualmente se habla de estado vegetativo persistente, el que seria un síndrome clínico, pues no hay correlación entre condición análoga y patología. Se dice que es el estado que se prolonga más de un año. La diferencia entonces con el estado vegetal permanente es…ninguna. Hablar de estado vegetal no significa que una persona este enchufado a tubos es en realidad pensar que aquella persona requiere cuidados básicos, al mismo nivel que una persona inconsciente, pero lo más importante requieren interés pro ellos.
Pues ellos escuchan todo, pero no pueden hacer nada. Se hizo un experimento, consistía en medir la actividad cerebral en personas vegetal y en personas sanas, se les pedía a ambos grupos imaginar algo que ellos recordaran como momentos agradables en su niñez. El resultado fue que se activaron los mismos sectores cerebrales en ambas muestras. Imagínense a una persona que escucha: no vale la pena, dejémoslo morir. El objetivo es entonces no darlos por pacientes terminales.
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