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La enfermeria en el problema psicosocial de la muerte



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¿Qué sentido tiene nuestro ser? La muerte es la posibilidad propia, es el acto esencial de la existencia; el hombre es un «ser-ahí-en-el-mundo-para-la-muerte». Precisamente, por esta condición inexorable surge la angustia y ello nos revela el hecho de que nuestro ser es la «nada». Heidegger aborda el tema de la angustia distinguiéndola expresamente del miedo; miedo se siente por alguna cosa frente a algo; en cambio, la angustia es por «nada». Lo que constituye el traumatismo de la muerte es la conciencia de que puede desaparecer el YO individual, la idea de la destrucción de la vida como despliegue en el mundo de la propia identidad. La muerte aparece como el desorden fundamental, algo que desde fuera rompe brutalmente la armonía y plenitud de las manifestaciones de la vida. La muerte, en fin, rompe los elementos que constituyen la persona e introduce, indudablemente, desajustes en las relaciones del grupo familiar y social más amplio (Thomas-Luneau, 1975).

la muerte violenta, accidental, puede ser asumida por su condición de «evitable» o «suprimible»; se trata de un proceso que carece básicamente de una perspectiva temporal; en la mayor parte de los casos no asistimos «en directo» al momento de partida definitivo porque ésta ha durado instantes, o en cualquier caso, la sufrió la víctima en la soledad de la carretera o de cualquier otro accidente. Su «atemporalidad» la hace más aceptable y además la ausencia de un proceso morboso, de una entidad clínica, impide el desarrollo de la angustia del superviviente que contempla una muerte cuyo diagnóstico depende a veces del criterio médico y otras del criterio ético.
Así, pues, el aspecto del moribundo traduce la imagen de la impotencia ante una enfermedad que «ataca», «destruye» y poco a poco «vence» (Sontag, 1981); el proceso se asocia a la imagen del «perdedor». Por el contrario, si consideramos la muerte violenta y súbita que supone la inexistencia de un período previo de supuesta preparación (accidente, ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, embolia, etc.), entonces, la muerte se puede relacionar con un estilo de vida (vida trepidante, hábitos malsanos, bebida, tabaco, droga, estrés, euforia juvenil, etc.) y traduce un cambio en la imagen social; es decir, el «vividor».

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