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Fracaso terapeutico y rechazo a terapias



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La relación entre el personal de salud y los pacientes puede ser comparada con el funcionamiento de los buscadores en internet. Un ente no logra nada guardándose toda la información sin distribuirla apropiadamente, pues la información sera útil a todos los que rodean y quieren llegar al objetivo, en eeste caso el paciente. Lo vital esta en una buena entrega de información, completa y clara, a todos los que estén al rededor del paciente, de esta forma cada cual manejara una idea clara y el enfermo obtendrá lo que quiere saber y no ideas diversas sobre lo que a el lo esta afectando.
La clave, probablemente, del fracaso terapéutico radica en la relación «enfermera-enfermo»; ésta nunca podrá lograr el grado de perfección deseada sin una comunicación eficaz entre el médico/ enfermera y el paciente. Tal como ha expresado Laín Entralgo: «Nada hay más fundamental y elemental en el quehacer del profesional que su relación inmediata con el enfermo»… «El encuentro personal entre la enfermera y el enfermo y la relación diagnóstico-terapéutica a él consecutiva son absolutamente imprescindibles para una práctica humana del arte de curar»…

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Como es natural, esta relación terapéutica, base de cualquier proceso curativo o de intervención de enfermería, ha ido cambiando como consecuencia de los avances técnicos y científicos, así como consecuencia de los cambios socioculturales. Pero en todo caso, es necesario formar a médicos y enfermeras en la necesidad de mantener y desarrollar esta relación como un instrumento terapéutico imprescindible en el acercamiento, cuidado y atención del enfermo, y que además, es perfectamente compatible -como es natural- con el uso de cualquier tipo de tecnología por muy avanzada que ésta sea. Esta pérdida de la calidad humana es motivada principalmente por:
a) el gran avance técnico de los medios de diagnóstico y tratamiento;
b) por la actitud del enfermero que a veces confía más en los medios complementarios que en el diálogo y en la observación clínica;
c) por la profunda especialización de las ciencias médicas y de la enfermería;
d) por la excesiva demanda de la salud y asistencia por parte de la población (prácticamente la asistencia sanitaria se ha extendido a toda la sociedad y ello -que es perfectamente deseable- ha masificado totalmente la sanidad pública).

 

No obstante, existen una serie de factores que consideramos fundamentales en el seguimiento y cumplimiento terapéutico adecuados:
a) Por ejemplo, en estados crónicos graves representados por enfermedades como la epilepsia, diabetes, insuficiencia cardíaca congestiva, hipertensión severa, enfermedades respiratorias, etc.
b) Enfermedades o situaciones en las que podría resultar «peligroso» la supresión súbita de los fármacos, tal como sucede, por ejemplo, cuando se utilizan los corticosteroides.
c) Patologías de diversa índole (muy importantes) tratadas con fármacos que tienen un bajo margen de seguridad, por ejemplo, el litio y la digoxina. De acuerdo con Noyce (1982), existen básicamente tres tipos de razones que explican la «no adherencia al tratamiento», y que son: volitivas, accidentales y circunstanciales

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Variables relativas a la «psique» individual que, bien por la estructura de la personalidad y/o carácter, por la inteligencia, edad y por la «red» social, intervienen de forma contundente en el cumplimiento terapéutico. En efecto, la complejidad del tratamiento en lo que se refiere a número de medicamentos a tomar, pauta posológica, prescripción, déficit informativo, etc., hace que se produzca un cierto «confusionismo» que favorece el olvido. Evidentemente, los «regímenes simplificadores» elevan el grado de cumplimiento terapéutico de forma ostensible. En este sentido, cuanto menor es el número de medicamentos prescritos y más reducido el número de tomas al día, es decir, cuanto más simple es el régimen terapéutico, mayor es la adhesión del paciente al mismo y mejor el cumplimiento terapéutico. En definitiva, los regímenes más simples son los tratamientos de una sola vez (por ejemplo, el tratamiento de la gonorrea con una inyección única). Cuando los pacientes tienen que recibir un tratamiento con mayor frecuencia el plan ideal consiste en simplificar el régimen todo lo que sea posible; una vez al día resulta mucho más fácil de recordar varias veces al día. En la actualidad, muchos preparados pueden prescribirse en formulaciones de una sola vez al día; también es importante prescribir tan pocos preparados como sea posible; no obstante, cuando se prescribe más de un comprimido al mismo tiempo es
importante asegurar que el horario posológico para todos los comprimidos, en todo lo posible, sea el mismo; prescribir un comprimido tres veces al día y otro cuatro veces al día puede ser innecesariamente confuso. En la mayoría de los pacientes se admite que difícilmente pueden manejar más de tres preparados distintos.

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