El humor y el estres una intima relacion
El estrés, en sus múltiples formas, es uno de los agentes inductores más importantes del mal humor. Un esfuerzo súbito, un exceso de trabajo, una estimulación violenta proveniente del exterior y de diversa naturaleza (física, traumática, tóxica, infecciosa, psíquica, etc.), pueden llevar a un cambio ostensible en el humor básico del individuo. Asimismo, el moderno cansancio de la vida (tedium vitae), el aburrimiento, el vacío existencial, la desilusión, la soledad y la desesperanza intervienen en la complejidad de las respuestas endocrinas, nerviosas y conductuales del mal humor.
De igual forma, el hombre atormentado, con un horizonte oscuro, que ha conocido primordialmente el fracaso, el dolor, la desesperación y la soledad, propende a cambios emocionales profundos que colorean su humor.
Precisamente, con cierta frecuencia el hombre suele experimentar, como consecuencia del estrés, el abatimiento de los síntomas centrales de la depresión (pesimismo, descontento, pasividad, anhedonía, inhibición, desilusión, etc.). El descontento de sí mismo, junto con una pérdida de energía de motivación y de concentración, también suelen estar presentes. En muchas ocasiones, el humor triste es la característica central del hombre «atrapado» en la sociedad actual; se trata de sujetos abatidos, insatisfechos, incapaces de reaccionar ante las cosas por las que sentían previamente alegría. La expresión «no existe alegría en mi vida» se suele hallar con relativa frecuencia en ese tipo de pacientes, con un sentimiento de inutilidad, de vaciedad, de nihilismo y de futilidad.
El mal humor, o los diversos cambios de humor relacionados con el estrés, se expresan en el individuo a través del lenguaje del cuerpo, (movimientos, gestos, contracciones musculares, mímica, etc.). A veces, este lenguaje corporal tiene una proyección interna sobre vísceras y órganos, como sucede, por ejemplo, en sus manifestaciones estomacales, intestinales, etc. De igual forma, los cambios en el entorno o medio ambiente y sus consecuencias intrapsíquicas
tienen una influencia indefectible sobre el humor. Así, por ejemplo, el ruido, este factor tan agresivo en nuestras ciudades, suele conllevar un sentimiento de fatiga/irritabilidad, al que se puede acompañar un síndrome depresivo ansioso ligero y en el que la ansiedad se traduce en un aumento del tono simpático. El trabajo de la mujer ama de casa, con todos los trabajos inherantes al mismo, educación de lo hijos, limpieza, lavado, compras, etc., y sobre todo, el poco reconocimiento que recibe por su trabajo por parte de su esposo, hijos y la propia sociedad, puede conllevar un síndrome ansioso y depresivo con una característica esencial, el mal humor.
Como ya hemos dicho, el humor está relacionado con la fragilidad del sistema nervioso y endocrino; por eso, a pesar de la cultura, la educación y las buenas costumbres, éste no se doblega, pudiendo aparecer en cualquier momento de forma espontánea con toda su fuerza; no obstante, estas reacciones «humorales» y conductuales pueden llegar a controlarse y neutralizarse en función de una intervención psicológica adecuada, haciendo que una persona de mal humor pueda
llegar a ser realmente feliz, contagiando dicha felicidad a todos los que le rodean y mejorando notablemente las relaciones familiares y laborales, consiguiendo un rendimiento mejor en todas sus funciones psicológicas.
El mal humor se origina también en la frustración, surgiendo fácilmente la instigación agresiva. Freud había manifestado que la frustración consistía básicamente en el bloqueo de las fuerzas de la libido. En opinión de Freud, todos los hombres luchan por obtener no sólo sus satisfacciones libidinales, sino también por retornar a un estado de nirvana. Freud sostuvo que la agresión y el deseo de destruir era la energía natural que surge del instinto tanático; un impulso que hace su
aparición en la infancia y junto a eros se dirige hacia la destrucción de los «otros» o hacia la autoaniquilación.
En ese punto, Freud tuvo un gran acierto adelantándose en mucho tiempo a lo que sucede en la actualidad. La gente está de mal humor; los niños, los padres, los profesores, los médicos y los pacientes; todo el mundo con mucha frecuencia está de mal humor; la gente se odia, no se hablan, se acusan, se insultan, se lanzan improperios, humillaciones, vejaciones, etc. Todo ello engendra, como es natural, una gran agresividad y un considerable malestar que puede terminar en una gran crueldad instintiva, en la barbarie de la especie humana. Como es natural, no todas las relaciones humanas se caracterizan por la crispación y el mal humor; antes al contrario, existen grupos humanos que controlan perfectamente el estrés y las alteraciones del humor.


También colabora la siempre guapa Yus Rueda quien desde Venezuela hace sus aportes con sus trabajos y elaborados informes
21 October 2008 at 4:06 pm
muy bueno, estoy haciendo un proyecto sobre este tema