Atencion al enfermo moribundo
Publicado por Cristian.
Los acontecimientos que giran en torno al enfermo agonizante y a su muerte no tienen ya lugar únicamente en el espacio doméstico, sino que como consecuencia del desarrollo y de los cambios en la significación de las instituciones hospitalarias, el espacio del morir se ha desplazado hacia éstas. Pocas personas mueren ya en su lecho lúcidas, rodeadas de sus seres más queridos. El moribundo de hoy suele ser un «objeto» comatoso, intubado, conectado a varios monitores, drogado, inconsciente, etc. Morir hoy es una desgracia que sucede sólo a los demás; es un hecho ajeno, a menudo indiferente, que afecta a la gente perseguida por la fatalidad, pero que no es de recibo en el triunfador, en el vitalista. Pensamos que la «muerte» es evitable en cualquier circunstancia, no un fenómeno cotidiano o natural como fuera anteriormente. Antes de morir podemos ser o somos asistidos, y entre las distintas modalidades de asistencia, la hospitalaria es actualmente importante, aunque realmente no la única.
Desde el punto de vista sociológico, podemos constatar que hay dos tipos de
enfermos graves: los más arcaicos, ligados a las tradiciones de la muerte, que se esfuerzan en arrancar al enfermo del hospital para que muera en casa y, por otro lado, los más adaptados a la modernidad que van a morir al hospital porque empieza a ser un inconveniente que mueran en su casa.
Por otra parte, en algunos países industriales avanzados, la institución hospitalaria es tan avanzada y especializada que limita la praxis sobre el enfermo exclusivamente a los profesionales sanitarios, excluyendo absolutamente la red social del enfermo. De ahí que tengamos en nuestro país tres modelos básicos de atención al moribundo que coexisten en el espacio y el tiempo. Un primer modelo corresponde a la asistencia en el espacio doméstico. Un segundo modelo corresponde a la asistencia hospitalaria en un hospital de área de tipo medio, y un tercer modelo correspondería a los niveles más avanzados y sofisticados de asistencia hospitalaria.
El problema de la asistencia hospitalaria al enfermo moribundo se centra fundamentalmente en la falta de acompañantes, en el déficit de personal, en la carencia de personal técnico especializado (psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, etc.); por eso surge fácilmente en el hospital el problema de la soledad del enfermo moribundo. Por ello, nuestro sistema hospitalario ha de prever como una regla (no escrita) la presencia de personas que acompañen al enfermo (grupos de apoyo social) y que lleven a cabo las tareas de asistencia primaria que en otros países estarían confiados exclusivamente al personal: el aseo del enfermo, la administración de comidas, la ayuda en los desplazamientos, el sostén psicológico, la comunicación, los entretenimientos en los múltiples momentos de posible aburrimiento y tedio, etc.
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